viernes, 16 de noviembre de 2012

El inicio de una carrera criminal

Un asesino como los demás (173)

  El precoz Manolín ya contaba con su primera víctima mortal. El Super Jefe envió una patrulla al lugar de los hechos y retomó su atención hacia la agente Calvo.
- Creo en usted, agente Calvo, por lo tanto...
Interrumpió nuevamente el agente Daoiz:
- Señor, el portavoz pregunta si puede comunicar a la prensa que Rompetechos está relacionado con la muerte del dueño del Club las Sirenas.
- Sí, pero no olvide que sólo es una suposición, muy fundamentada, pero una suposición.
- Sí, señor.
- Bien, agente Calvo, eh... nos abriría la puerta ese loco en el caso de que, por ejemplo, acudiese el inspector Churriguera a hacerle una "visita rutinaria"?
- No lo sé, pero sí hay una persona que puede facilitarnos la entrada, es una monja que le visita cada siete días más o menos.
- La tiene localizada?
- Esta tarde me ha dicho un vecino que nos pueden dar razón de ella en el despacho de Cáritas de la iglesia del Divino Pastor.
- Muy bien, usted se encarga de localizarla y la pone en contacto con el inspector Churriguera. Usted, Churriguera, acuerde con la monja una visita al individuo.
- Sí, señor.
Un pensamiento terrible nubló el optimismo de Felisa Calvo: "Y si le viene al hijo de puta un momento de lucidez y hace desaparecer la ropa, los cuchillos... todo!?..."
Enfrascada en este oscuro dilema se le había olvidado lo principal:
- Jefe, me permite acompañar al inspector Churriguera en esta visita?... La visita anterior al domicilio de Angel Luis Alegre fue para mi muy instructiva.
- De acuerdo, vayan los dos.
"Esta jodida se guarda alguna carta en la manga" - Barruntó el sagaz Molina.
En un segundo se juntaron las miradas de Calvo y Molina y ella sintió hormiguitas en el estómago.
- Otra cosa,  - Señaló el capo policial - que la monja no le anuncie al individuo antes de tiempo la visita. En caso de ser él el asesino, podría ocultar pruebas.
"Bravo, este es mi jefe!" - Exclamó mentalmente la brillante maquinadora.

        ( El cuerpo de Doña Herminia es retirado por efectivos sanitarios. Varios miembros de la banda de Manolín celebran el éxito de la operación )

Doña Herminia Terradillos Campos, la anciana que rezaba el Santo Rosario todas las tardes, fue la víctima de la barbarie de Manolín y su banda. El pequeño monstruo iniciaba su andadura por la senda del crimen y todo hacía presagiar un futuro muy rico en derramamientos de sangre.
Los mocosos se desajuntaron y cada uno tiró para su casa. Hasta el día siguiente no se enterarían de que había muerto una persona por su culpa.
Martes 13 de Noviembre de 2.012, una fecha que muchos años después le sería recordada a todo el pueblo español por los biógrafos de Manolo el Sanguinario.

 Guarromán y Felisa Calvo se encontraron casualmente en una de las dependencias de la comisaría cundo la agente había terminado su reunión con el Jefe.
- Qué tal te ha ido?
- Bien, le ha encargado la investigación a Churriguera y yo le acompañaré. La monja conseguirá que el loco nos deje pasar.
- Pues me alegro un montón, has triunfado, chica!
- Aún no hemos detenido a ese cabrón, y aún así no será un triunfo porque la vida ya no se la devuelven a mi hermana.
- Ya, claro... Oye, lo nuestro de...
- No hay nada nuestro, Guarromán, no desvaríes. - Se puso en plan de poli dura - Tú y yo hemos tenido una aventura de una noche, como tantísimos hombres y mujeres que comparten un calentón, y ahí se termina todo. Punto final. Correcto? Ah, y que no me entere que lo andas contando por ahí, y menos con gracietas machistas.
Molina les observaba de reojo apostado junto a la máquina del café.
"Uy, uy, uy, entre estos hay lío!"
Pero Guarromán estaba a punto de recibir una noticia verdaderamente mala, algo quue iba a eclipsar el mal humor por las calabazas que le acababa de dar su amante fugaz.
Aparecieron los agentes Sotillos y Fernández por la puerta de acceso al aparcamiento. En cuanto Sotillos advirtió la presencia de Guarromán se dirigió rapidamente a él.
- Perdona, Guarromán, tu segundo apellido es Terradillos, no?
- Sí.
- Me puedes decir el nombre completo de tu madre?
- Qué hostias pasa, Sotillos?
- Nada, hasta que me contestes a la pregunta.
- Vale, mi madre se llama Herminia Terradillos Campos. Repito, qué hostias pasa?
- Siento comunicarte que ha fallecido - Y le explicó de qué manera. El gigantillo estuvo a punto de retorcerle el cuello al mensajero, pero se contuvo.
Los hermans Guarromán, María Eduarda y Eulogio, se turnaban en atender a su octogenaria madre y durante el día la dejaban en la sección de acianos dependientes del centro cívico. María Eduarda trabajaba como funcionaria en un juzgado y en los últimos tiempos no daba a basto en ejecutar desahucios.
El resto de los ancianos y cuidadores que habían sufrido el ataque de los pequeños energúmenos fueron atendidos por sicólogos y por la monja Sor Auxiliadora, que casualmente se encontraba en el centro.

( Continuará )


2 comentarios:

  1. Menciono las menos veces posibles a Madrid porque no quiero dar protagonismo a la ciudad, pero no cabe duda que el haber vivido tantos años allí me influye mucho, y en una ciudad imaginaria no hubiese podido hacer el capítulo de los ultras Sur con el cura, por ejemplo.
    De todas formas estas coincidencias, que hacen recordar que el mundo es un pañuelo, se deben más a que la acción principalmente se desarrolla en un barrio, el del Divino Pastor.
    Buen día!

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