Don Angel Luis quería reivindicar su "inocencia", pero no le apetecía convetirse en otro bufón del mundillo telebasuril.
Y aquella misma tarde, el inspector Churriguera llamó a la puerta de su casa. Le acompañaba la agente Felisa Calvo.
Relato de varios episodios que suceden al mismo tiempo, y algunos se cruzan, en el barrio del Divino Pastor.
- Buenos días, inspector. Qué, otra visita rutinaria?
El inspector no pudo confirmar si se trataba de un sarcasmo porque no afloró ninguna sonrisa en el rostro de Don Angel Luis.
- No, digamos que esta vez es una visita especial, aunque hace dos días, cuando se planificó, sí iba a ser rutinaria, pero digamos que usted ha alcanzado una cierta notoriedad en pocas horas y eso merece una especial atención.
- Muy a mi pesar, créalo. Oiga, y también convierte en especial la visita el hecho de que haya policías controlando mi casa y siguiéndome por la calle?... Ustedes también se han creído lo que ha dicho la vieja mamarracha y ese periodista inclasificable?
- No se trata de lo que creamos o dejemos de creer, señor Alegre. Se trata de su seguridad, ya ha podido constatar usted como están los ánimos de algunas personas en la calle.
Se sorprendió al ver a aquel viejo y a la policía gorda vestida de paisana entrando en el portal de su querido yayo. No tardó mucho en descubrir que había más policías, por lo menos los ocupantes de aquel coche azul. Había visto las suficientes pelis de polis como para saber que los dos mendas de aquel buga eran maderos. Estuvo tentado de acercarse a ver si se estaban haciendo una pajilla, pero se le ocurrió otra cosa mejor.
- Quién es?... - Preguntó con su vocecilla lánguida de enferma crónica. A Doña Amelia la consumía un cáncer, pero alguien se había propuesto "liberarla" de este suplicio, y ese alguien estaba al otro lado de la puerta.
- Revisión anual de la instalación del gas, señora!
- Voy!, voy!
- Naturalmente, siéntense ustedes, por favor, pero comprendan que mi estado de ánimo no es el mismo de siempre.
- Me hago cargo, caballero. "Empieza la comedia, veamos si eres tan buen actor y demuestras el mismo temple que la otra vez" - Se dijo Churriguera con talante positivo de tahur ganador.
"Verás, esta tía me va a terminar de destrozar la butaca con su tonelaje" - Elucubró el anfitrión observando la costosa maniobra de la poli obesa para acomodar su culo elefantiaco en la más bien estrecha butaca de orejas. - "Esta butaca está muy vieja y apolillada, no sé si resistirá"
- Uy, estas casas antiguas dan muchos quebraderos de cabeza, se lo digo yo. Revise usted lo que tenga que revisar, hijo mio. Le apetece un cafelito?
- Es usted muy amable, gracias. "Vieja puta asquerosa, tienes los minuos contados. Seguro que tú también has permitido que tus hijos o tus nietos sean martirizados por repugnantes pederastas"
Se fue poniendo los guantes antihuellas.
Don Alfonso, el tendero, había reconocido al niño terrible a pesar de su máscara de Spiderman.
- Esos petardos no se los puedes vender ni a los niños ni a los mayores porque están prohibidos. Así que si no me los vendes te denuncio, y además le cuento a la policía que le das besos y le tocas la pilila a Paquito.
( Continuará )