lunes, 6 de agosto de 2012

Encarnita y sus amigos los polis

Un asesino como los demás (91)

  Tampoco llevaba los calzoncillos, pues todas sus pertenencias textiles estaban girando en el bombo de la lavadora. Y de pronto vio la solución a su problema. Si, ellos le ayudarían, estaba seguro!... Aquellos vendedores de biblias debían conocerse muy bien las calles de la ciudad.
Al llegar a su altura los paró con un gesto nervioso. Ellos se asustaron y retrocedieron un paso. Lo que menos se esperaban es que aquel cura o lo que fuese, un sujeto estrambótico que vestía un chandal del Barça y al que habían dejado hace unos momentos a doscientos metros de distancia, se les apareciese ahora con el rostro desencajado y les diese el alto. Y el colmo de su estupor fue cuando les preguntó:
- Podrían decirme ustedes en dónde vivo, por favor?
Los testigos huyeron al instante. Esprintaron durante un rato sin volver la vista atrás. Oh, aquel hombre era el mismísimo demonio personificado!

    (El Demonio en una de las muchas imágenes que le representan)

El inspector Churriguera y su ayudante López llamaron al timbre del domicilio de Don Angel Luis. Repitieron la llamada una y otra vez y no obtuvieron respuesta. Cuando ya iban a marcharse se abrió la puerta del ascensor y aparecieron Encarni y Encarnita. La hija del malísimo les miró con temor.
- Buenas tardes, preguntan ustedes por mi padre?
Respondió el inspector Churriguera:
- Um... Pues sí, en el caso de que su padre sea Don Angel Luis Alegre Santaflauta.
- Sí, señores, pero mi padre ha salido de viaje. Yo vengo a echarle un vistazo al piso para comprobar que todo está bien.
- Y podría decirnos usted cuando regresa? - le mostraron las placas - Somos policías, pero no tema, es una visita rutinaria.
- Pues se ha ido a hacer un trozo del Camino de Santiago, no creo que tarde más de una semana. Oiga, ocurre algo malo?
- No, de ningún modo, es sólo una visita rutinaria. Estamos entrevistándonos con personas mayores que quizá, sin que ellos lo sepan, han podido encontrarse alguna vez con el asesino de ancianas. Ya sabe usted, hogares de jubilados, clubs de petanca, viajes del Imserso, amigos de alimentar a las palomas, etc. Dígale simplemente que volveremos por aquí cuando haya regresado del Camino.
Intervino la dulce y extrovertida Encarnita.
- Señores policías, saluden de mi parte a los policías del cole, dígales que les echamos mucho de menos mi hermano Manolín y yo desde que estamos de vacaciones.
- Encarni, no molestes a los señores.
- No es molestia, señora. - Sonrió Churriguera con su sonrisa especial para niños, e inclinándose hacia Encarnita la preguntó: - Quienes son esos policías, guapa?
- Pues la policía gorda y el policía flaco que vigilan nuestro colegio para que no nos ataquen los malos.
- Ah, sí, sí, les conozco!... "Imposible no caer en la cuenta con esa excelente descripción" - Se dijo para sí el inspector - "Valdeminguilla y Calvo convertidos en héroes de la grey infantil, je, je!" Les saludaré de tu parte, guapa. Buenas tardes, señora.
 La pareja de polis buenos aprovecharon que el ascensor seguía en la planta para introducirse en él y alcanzar pronto la calle.
El mundo es un pañuelo, pero el sagaz inspector pasaría por el alto el detalle del recordatorio de Encarnita en su siguiente Encuentro con Valdeminguilla. Aunque este humilde autor, ajeno a la conducta de sus personajes, que bien es sabido que tienen vida propia y los autores sólo somos notarios de sus movimientos, se plantea una duda lógica: Hubiese relacionado Valdeminguilla a su pequeña admiradora con la nietecida que iba de la mano de su abuelo el día que Felisa Calvo y él se los encontraron en la puerta del colegio?... sin duda el abuelo asesino que días después les burló en el parque.


   (Urinarios públicos del Parque Virgen Santísima del Escorial, lugar donde el asesino se desprendió de su cuchillo de las carnicerías humanas arrojándolo al estanque. Ver capítulo 41)

Desde su escondrijo en el apartamento de un amigo en Marbella, Ubaldo-Profesor Merlíng volvió a contactar con su amigo Florialdo Santurce.
- Me alegra infinitamente lo que me estás diciendo, Florialdo.
- Es más, Flabio me ha dicho que ha estudiado tu caso y está convencido de que eres inocente. Pero no sólo eso, quiere lanzarse a degüello contra el policía mafioso. Dice que ya se lo había planteado antes, que son muchas las informaciones que tiene sobre presuntas irregularidades de este polizón. Jo, casi, nada, Ubaldo, esa noche batiremos todos los records de audiencia y tú te saldrás con la tuya. Ya estoy pensando en la promo: "Las dos grandes revelaciones del Profesor Merlíng: Quién se oculta bajo la máscara del anterior jefe superior de policía y quién es el asesino en serie de ancianas... en un espacio presentado y dirigido por el mejor comunicador televisivo del siglo: Flabio Oriñón!"
- Y con la ayuda de Dios, no se te olvide.

     (Marbella, un pintoresco pueblecito pesquero de la Costa del Sol en donde nunca pasa nada, lugar en el que ahora se esconde el Profesor Merlíng aguardando el momento de saltar sobre su mortal enemigo, el policía malvado Escolástico Navacerrada San Fermín)

(Continuará)

3 comentarios:

  1. "Se ha ido a hacer un trozo del Camino de Santiago". ¡Juas juas! Oiga, le aseguro que el jefe no mata ni una mosca, ¡ja ja ja!

    Pues mire, es lo que tiene de malo no charlar e ir cada uno a sus asuntos porque si los polis hicieran un poco de marujeo, seguro que acabarían atando muchos cabos y solucionando casos, pero es lo que tiene la prepotencia.

    Estoy impaciente por saber a quien se le ha ocurrido acusar al chiflado de la bola de plástico de los chinos, anda que como sea al cura del chandal, je je je... ¡Risas a manta!

    ¡Hasta mañana!

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  2. Usted lo ha dicho, falta marujeo, diálogo, comerse un poco el tarro... Claro que, el que se devana los sesos ideando tramas piensa más que el poli que tiene que resolverlas, de ahí el éxito de los grandes crativos del género policiaco.
    Hoy y mañana tenemos capítulos dobles, que usted los disfrute!

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