sábado, 16 de junio de 2012

Huyendo y cagando.

Un asesino como los demás (Episodio 48)

   Con sumo sigilo fue acercándose a la mochila, mirando a su alrededor desconfiadamente, extremando la precaución por si se trataba de alguna trampa de rateros. Y entonces le llegó el sonido inconfundible de un escape escatológico.
"Prrrrfffssss...!"
Entre los arbustos había un hombre cagando. No le reconoció porque le tapaba la hojarasca. El Profesor Merlíng se había desprendido precipitadamente de la mochila para bajarse los pantalones y evitar ensuciarlos con el resultado asqueroso de su miedo. Ya llevaba un rato largo soltando lastre desde que llegó al lugar. Era la cagada más larga de su vida.
Nuestro asesino divisó allá abajo, a lo lejos, en un claro que se abría en el pinar permitiendo ver una de las curvas de la carretera tercermundista, un coche de la policía nacional que avanzaba lentamente sorteando las curvas. El peligro le hizo reaccionar inmediatamente. Descorrió una de las cremalleras de la mochila y metió en ella el cuchillo. Sus huellas no iban en el arma, por supuesto, Don Angel Luis jamás se precipitaba en quitarse los guantes. Descubrió sorprendido la pipa. "Joder, este tío está armado!"
Fue entonces cuando el caganer se percató de la presencia del intruso.
- Eh, oiga, qué hace usted con mi mochila?!... ladrón!.. hijo de puta!...
Sintió no tener la luger a mano para darle un buen susto. Don Angel Luis empujó la mochila hacia el centro de la calzada para que la viesen bien los policías. Seguidamente se perdió por el pinar. Desconectó el móvil por si en ese preciso instante se le ocurría llamar a su hija y oían la alarma los agentes.
 Ubaldo se limpió a todo correr con unos pañuelillos de papel que siempre llevaba encima, pero era tal su desesperación que no pudo evitar pringarse los dedos y la ropa con la ofensiva mierda. Y al intentar ascender los dos metros que le separaban de la carretera, tropezó con una raiz saliente y fue a caer de bruces sobre unas hortigas.





"Auuuggg...!!
Corrió a ver que le faltaba en la mochila y alucinó al encontrarse un cuchillo. Lo tomó en su mano sin pensar que estaba dejando impresas sus huellas en un arma homicida.
Don Angel Luis resoplaba mientras corría entre los pinares y la maleza tratando de ganar distancia.
"Jesús, qué paliza!..., después de la sesión con la vieja guarra me toca esprintar campo a través, a mi edad... uf!... Bueno, querían un asesino, no?, pues ahí lo tienen. La putada es que ultimamente no gano para cuchillos"
El atribulado Merlíng alzo la vista y vio a dos policías nacionales que se le acercaban. Los agentes Sotillos y Fernández habían aparcado el vehículo policial cincuenta metros más abajo.
- Joder, yo a este tío le conozco, es un famoso.
- Vamos a lo que vamos, Fernández.
Respondió agriamente Sotillos. Y dirigiéndose al famoso le habló con dureza.
- Tendrá que esplicarnos qué hace usted aquí con un cuchillo tan grande en la mano.
- Es que... verá... es que yo... resulta que...
Las siguientes palabras del agente Sotillos, mientras el agente Fernández le ponía las esposas, le helaron el corazón.
- Tiene derecho a guardar silencio, tiene derecho a un abogado de...  Joder, como huele a mierda!
Las órdenes del comisario Lopategui Serranillos eran tajantes: "A cualquier sospechoso en la vía pública se le detiene sin miramientos, que para eso manda el PP"

(Continuará)

viernes, 15 de junio de 2012

Muere, hija de puta, muere!

Un asesino como los demás (47)
  (Chabolo de Ponciana Arteta)

"Ay, que este hombre me mata!... Ay, que este hombre me mata!"
Ponciana Arteta chillaba histéricamente y huía de Don Angel Luis por el corralillo inmundo anexo a su no menos inmundo chamizo. Varias gallinas escuchimizadas revoloteaban de pánico en todas las direcciones. Un gato viejo se ocultó bajo un carrito de Mercadona infestado de trastos de la calle y bolsas de plástico renegridas conteniendo desperdicios de todo tipo. Un perrillo sarnoso le ladraba con furia al agresor.


  (Perro defensor de Ponciana Arteta)

"Ay que me mata!... Ay, que me mata!"
Don Angel Luis trataba de arrearle en la cabeza con una gruesa estaca. Su intención era que perdiese el conocimiento para amarrarla después y torturarla con mucha calma.
Ponciana Arteta vivía en un chabolo sumamente deprimente porque su "familia" del lumpen la había condenado al destierro. En los últimos tiempos se convirtió en una chivata repugnante. Lo empezó siendo en la cárcel, como su amante, Gerarda Cabrales. ("ajusticiada" por otras reclusas en el propio centro penitenciario) Y el hecho de denunciar a una mafia carcelaria de drogas, sirvió para que su tiempo de condena se redujese muy favorablemente, pero también para ganarse el odio de sus semejantes. Ahora era una apestada y se la tenían juradísima, pero jamás imaginaron que se les iba a adelantar el asesino de moda.
Don Angel Luis le acertó de un fuerte estacazo al perro impertinente, dejándole seco.
- Asesino, asesino, has matado a Messi!... Has matado a mi pobre Messi!
- Y enseguida te toca a ti, hija de la gran puta!... Tú mataste a Rosita, a mi Rosita, hija de mil putas del Infierno!
Ya la tenía acorralada e intentó propinarla un estacazo, pero ella se agarró desesperadamente a la estaca y forcejearon durante varios segundos. Estaba fuerte la muy perra!...
- Sucia matona!, serpiente nauseabunda!...
La gritó el vengador de la difunta amada.
Y la puerca resbaló en unos excrementos blandos del perro asesinado, cayendo y golpeándose en la cabeza contra un orinal roñoso que servía de bebedero a las gallinas anoréxicas.
Perdió el conocimiento la desgraciada Ponciana, coyuntura que aprovechó el viudo justiciero para amarrarla muy fuerte con la soga que se había traído de casa.
Minutos después la arrojó el agua de un caldero a la cara para que se espabilase. Tendida en el suelo, fuertemente atada y amordazada, Ponciana Arteta reflejó en sus ojos todo el terror del mundo ante el regocijo lógico del asesino implacable.





- Mataste a mi Rosita, mala bestia, y el castigo va a ser atroz!
Lo que vino a continuación no envidiaría a las más refinadas prácticas del Doctor Mengele o del ficticio siquiatra Anibal Lecter. La quería ver sufrir y vaya si la vio!... Primero le cortó los pezones, lentamente, muy lentamente... no dejando que el tajo del cuchillo terminase pronto. Luego las orejas... Gritaba y sangraba como una marrana en el matadero. Gritaba de verdad porque tuvo a bien quitarle la mordaza unos segundos para darse el gustazo de oirla claramente, previa miradita a la carretera, no fuese que se acercase alguien en aquel preciso momento. Y cuando se cansó de escucharla e iba a arrancarle la lengua, la hija de puta se murió. "Vaya, ha debido ser cosa del corazón, qué poco aguanta la gente!"
Aún así, concluyó el plan previsto, la acuchilló en el rostro con contundencia, frente, pómulos, ojos, mejillas... sin dejar de hablarle, como si esta aún le escuchase.
- Rosita te está castigando y yo soy su brazo ejecutor, bestia repugnante!
Le llegó la voz de Rosita desde el Más Allá.
- Olé, este es mi hombre!

Cuidose de no dejar ni una miserable huella, borrando incluso las pisadas con especial dedicación. Y se fue caminando despacito, tan campanudamente, como si no hubiese hecho nada, ni matar una simple mosca.
"Ahora estarás más tranquila, Rosita, verdad?"
Por un momento se planteó si lo importante era vengar a Rosita o calmar sus ansias de sangre. Abandonó este pensamiento por considerarlo superfluo. Qué coño, le había cogido el gusto a lo de asesinar!...
Al pasar junto a la casita abandonada, vio que la puerta estaba abierta. No le dio importancia. "Habrán entrado okupas. Hay tantos desahuciados...!; este gobierno nos va a matar a todos, Dios mio!"
Siguió carretera abajo en busca del atajo que le llevaría, a través del pinar, a un barrio marginal con parada de autobuses.
Y de pronto se encontró una mochila en la cuneta, una pequeña mochila de color azul celeste con el logotipo de Tele 10.

(Continuará)




jueves, 14 de junio de 2012

Quién de los dos va a morir?... Jo, qué emoción!

Un asesino como los demás (46)

Oyó un ruído leve de pasos. Intentó oirlo mejor pero el corazón le bombeaba con tanta fuerza que le fue imposible. Sí, el asesino se estaba acercando a él, lo presentía!... Volvió a escucharlo y esta vez más cerca. Sus ojos capturaron alguna forma entre la oscuridad. La amenaza era real, escalofriante, no asistía a una proyección de cine, aquello era verídico!... La oscuridad total empezaba a transformarse en una cámara negra de formas espectrales. Vio un bulto en movimiento a cosa de dos metros. El bulto tropezó contra la mesa...
"Ahora!..." Apuntó y... "BANG!" Oyó un quejido lastimero y el impacto de un cuerpo desplomándose.
Después silencio, mucho silencio... ese tipo de silencio que dura segundos en el tiempo y siglos en el espíritu de una persona aterrada. "Y si se está haciendo el muerto?... Y si se está arrastrando y me va a matar ahora mismo?..." El dedo, que no se había despegado del gatillo, volvió a flexionarse para dar libertad al segundo proyectil. "BANG!"
Más silencio, otros dos segundos de angustia. Silencio de miedo y muerte. Y ya puestos... "BANG!" Tercer aviso. Aquellos segundos se le hicieron más terribles que los anteriores. "Creo que si estuviese vivo, ya habría intentado mover ficha"
Empezó a incorporarse muy despacito. Le vino a la mente una escena sobrecogedora de una corrida de toros que vio de niño, cuando el toro exangüe se levantó y corneó gravemente al puntillero.
Alcanzó la posición vertical a cámara lenta. Vislumbró un ventanuco a su derecha y decidió acercarse. Movió los postigos hasta que la luz del exterior puso formas y colores en el habitáculo. También puso la forma de un cadáver y el color carmín de un charco de sangre enorme. Todas las balas le habían acertado. Y junto al cadáver vio una navaja impresionante, la inicialmente destinada a enviar su espíritu al Más Allá.

  "Jesús, José y María, no me lo puedo creer!... Yo, un hombre de bien, he terminado con la vida de un peligroso asesino!... Los buenos espíritus me han protegido, no hay otra explicación"
Pero no se hallaba del todo sereno, como si el cadáver del malo, en vez de tranquilizarle, le acojonase más.
Observó unos instantes el bronceado perfil de su enemigo. "Y pensar que le había incluído en mis fantasías sexuales y tenía pensado lanzarle los tejos después de la limpieza espiritual. Qué pena!"
Pensó en el Conde Drácula alzándose como un resorte de su féretro y salió pitando de la casa. Hizo los primeros cien metros de carretera corriendo a toda mecha, como si pudiese librarse de todo lo funesto anterior con el sano ejercicio del jogging.
Se detuvo porque el vientre le pedía un vaciado de urgencia. La verdad es que estaba cagado de miedo desde unos minutos antes de entrar en la casa. Y aún no le entraba por la cabeza que él hubiese matado a aquel hombre; que él hubiese sido más listo que aquel sicario. Bueno, sí, la intercesión de los espíritus positivos.

(Continuará)

miércoles, 13 de junio de 2012

Ya vamos por el capítulo 45 y esto aún está empezando.

Un asesino como los demás (45)

  Mientras el taxi rodaba por la autovía de circunvalación, ambos hombres cruzaron varias frases amables. El engolado propietario de la casita de los espíritus malos le contó que, además de ser devoto de la Virgen de Guachulupotuco, se sentía muy atraído por la vida y milagros de San Obdulio de Oklahoma, un santo muy querido en su Medellín natal.
Después, nada más tomar el desvío que les conducía a la carreterita del pinar, el heredero de su tía abuela pareció perder todo el interés en mostrarse comunicativo. El taxista tampoco era muy conversador, además no le gustaban los "sudacas" Sólo hizo un comentario desdeñoso al llegar a la carreterita tercermundista.       
- Me jode esta carretera con tantos baches, si lo sé...
- Estese tranquilo, amigo, es un kilómetro escaso.
Le interrumpió el sudaca con pinta de chulo de putas ricas.
"Que se traerán entre manos estos dos capullos", pensó el taxista xenófobo-homófobo, "un maricón engañabobos y un narco, porque el sudaca es un narco o un chulo de putas... o las dos cosas"
- Esta es la casa.
Dijo Nelson Cristiano en cuanto llegaron al matadero de Merlíng.
Ubaldo estaba empezando a ponerse malo, su "cliente" expulsaba mucha energía negativa. Cada vez lo notaba más. En ese preciso momento se arrepintió de haber venido. Algo le decía que la muerte rondaba cerca.
El sicario pago al taxista y se bajaron del vehículo. Y entonces cayó en la cuenta sobre ese  "algo" que le intrigaba del individuo. Recordó aquel culebrón venezolano en el que un actor interpretaba a dos personajes, uno bueno y otro malo, y para el rol del malo utilizaba bigote y barba muy recortada postizos.
Eso era, el tal "Magnolio del Rosario Rubirosa", nombre con el que había entrado en España el sicario, camuflaba su rostro tras la barbita, el bigote y las gafas de sol de comediante.



  Ubaldo trató de controlar el miedo para poder sobrevivir. Se dijo que lo mejor era aparentar serenidad, pero debería actuar con rapidez. Lo primero que pensó fue salir corriendo por la carretera, pero no era la mejor solución, no había nadie por allí, el lugar estaba más desierto que un páramo y el taxi ya se había largado con viento fresco.
Se acercaron a la entrada de la casita. El malo hizo la pamtomima de abrir la puerta con una llave aunque esta ya estaba abierta. Le cedió gentilmente el paso hacia el interior con una sonrisa que le pareció diabólica. Era diabólica!
"Ahora o nunca!" , se dijo el profesor Merlíng, el ahora infeliz Ubaldo. Al dar el primer paso dentro de la casa, se giró rapidamente y empujó la puerta con fuerza para sorprender y obstaculizar a su seguidor. De inmediato se lanzó corriendo hacia el interior. Tropezó con una mesa, dos sillas y algunos cacharros que había por el suelo. No se veía nada. Pero consiguió su propósito: alcanzar el punto más distante de la puerta.
El sicario no se esperaba aquella reacción, pues estaba convencido de que el idiota había picado. "Pero entonces... por qué ha venido?"
Ubaldo extrajo la "luger" de su pequeña mochila, una mochila que llevaba sujeta de la mano desde que llegaron al centro de la ciudad. Esperó a que el malvado encendiese la luz para tenerlo a tiro, pero una idea escalofriante casi le hizo morir de miedo: el malvado tendría su pistola y seguro que la usaba disparando indiscriminadamente en la oscuridad. Otra idea se posó en su cerebro fantasioso-acojonado: "A lo mejor está cortada la luz" Pensó que era lo más problable dado que el cabrón aquel habría elegido una casa deshabitada. "Joder, qué miedo, qué miedo!..."
Los segundos se hacían eternos, las tinieblas reinaban en la pequeña estancia y el devoto de San Obdulio no daba señales de vida. Pero la realidad era que Nelson Cristiano ya tenía localizado al pardillo. No le había sido difícil. Se limitó a guardar silencio absoluto para escuchar su respiración agitada. Y ahora avanzaba hacia él sigilosamente, procurando no tropezar con los muebles como los buenos actores, con toda la sangre fría del sicópata perfecto. (Quemar la casa con el vidente vivo también era una buena idea, pero él rechazaba los procedimientos cristianizadores de la Inquisición española, no le gustaban un pelo. Su gozo era sentir la muerte de los demás en sus propias manos o en el contacto de su navaja. Merlíng se asaría siendo ya un cadáver, un método más civilizado)
Aquella negrura aterradora era un handicap para Ubaldo como lo fue la miopía para "Cat Woman" (Ver capítulo 28)

(Continuará)

martes, 12 de junio de 2012

Su víctima favorita

Un asesino como los demás (44)



Don Angel Luis

Le había costado casi un año dar con su paradero, mucho tiempo, sobre todo porque no quería que nadie sospechase de él. No era cuestión de ir por el mundo haciendo preguntas a cualquiera. Así que sus pesquisas fueron lentas pero laboriosas. (No olvidemos que parte del gran éxito en la escalada criminal de Don Angel Luis se debía a su suma discrección)
Ponciana Arteta estaba ahora en su punto de mira, tenía muy bien estudiados sus pasos, conocía el chamizo en donde vivía, y de no ser por la redada del día anterior que le hizo perder el autobús, ya la habría matado.
Ponciana era una de las dos hamponas que habían asesinado a su querida Rosita. La mala pécora disfrutaba de libertad desde hacía poco más de un año. La otra asesina, Gerarda Cabrales, había sido liquidada en la cárcel en un ajuste de cuentas entre maleantes.




     

(De izquierda a derecha, Gerarda Cabrales y Ponciana Arteta, asesinas de Rosa Villaconejos)





Ubaldo-Merlíng


Ubaldo observó el arma con veneración, una "luger" de 1.942. Hasta ese momento la había conservado como oro en paño en una vieja arca de nogal que presidía su dormitorio, e incluso tuvo a bien durante estos años engrasarla cada equis tiempo para que no perdiese su calidad de arma mortífera.








"Maldito nazi, je, je!" Recordó al viejo carcamal, ex comandante de la Gestapo, que se la había regalado por librarle de un mal de ojo que le estaba haciendo un judio con muy buena memoria histórica. Respiró hondamente una bocanada de aire de la sierra y oprimió el gatillo. "BANG!" Excelente, la joyita de museo funcionaba. El viejo nazi había tenido el detalle de regalarle también la munición, dos cajitas con proyectiles de nueve milimetros.
Sí, señor, iba a acudir con el colombiano aquel a la casita misteriosa "poblada por espíritus negativos", pero se llevaría la luger por si las moscas. Las cartas y la bola de cristal le decían que se anduviese con tiento. Disparó otra vez. "BANG!" Perfecto. Muy fácil de manejar a pesar de su antigüedad. Por la cabeza le rondaba la idea de que el verdadero espíritu cabrón de esta historia era su ex compi de colegio, "Tico"
(Continuará)

lunes, 11 de junio de 2012

Todos son unos monstruos.

Un asesino como los demás (43)
   Volvieron a encontrarse a las dos de la tarde en otra cafetería. Nelson Cristiano no quería hacerse ver mucho, pero Ubaldo-Merling era todo un narcisista que gozaba siendo el blanco de las miradas morbosas de la gente más morbosa y de los halagos de los supersticiosos, santurrones y demás chiflados por la fe y las fantasías ilimitadas.
Por la mañana tuvieron que suspender la constructiva y enfrascadora conversación sobre fenomenología esotérica y ovnis porque Merlíng tenía que grabar algunas partes de su programa televisivo. El interés del colombiano por contratar un servicio ( ! ) del eminente pitoniso y por ende reparador de daños maléficos, motivó este segundo encuentro entre los dos farsantes.
- Verá usted, mi querido profesor, se trata de una "limpieza espiritual" resulta que he heredado algunas propiedades de una tía abuela rica, una señora que ha fallecido recientemente en España, que Dios tenga en su Gloria. Amén.
- Amén.
- Pero una de las propiedades heredadas, concretamente una linda casita en un pinar del extrarradio, está dominada por las malas energías. Dicen que lo habitan espíritus negativos. Y eso es lo que vengo a pedirle, que me acompañe a la casita y haga los conjuros pertinentes para librarnos de esos entes...
- Ya, almas en pena.
- Eso mismo.
Pero algo no cuadraba. Hasta ese momento Merlíng no había sospechado del extranjero. Sin embargo, el sujeto acababa de hacer una exposición de su problema en la que no se traslucía ningún temor hacia los hipotéticos entes negativos. Más bien le había soltado todo el rollo de carrerilla y con una sonrisa añadida, como lo haría un vendedor de aspiradoras a domicilio. Además, había alguna peculiaridad en el individuo que le recordaba a algo o a alguien. "Joder, qué es lo que me recuerda este tío?"
Decidió estar muy alerta.



  (Espíritus malignos acechando por los rincones, aunque el astuto Profesor Merlíng empezaba a sospechar de que había gato encerrado en esta historia. No obstante, si observamos bien la imagen, bien podría tratarse de un fumador convulsivo)




Don Angel Luis

- Lo siento, Encarni, mañana no puedo ocuparme de los niños, tengo revisión en el urólogo. Ya lo sabes, la maldita próstata.
- Vale, papá, no te preocupes. Estás bien?
- Sí, hija, sí.
- Recuerda que dentro de poco va a ser el cabo de año de mamá. Tenemos que ir al cementerio a llevarle flores y a rezar.
- Sin duda, hija mia, sin duda.
- Besitos!
Pues vaya, ultimamente se le estaba dando muy buen juego el rollo de la próstata. Le había servido con el policía tonto y ahora con su hija.
Pero mañana era el gran día, su gran día como asesino justiciero, tenía una cita inexcusable con la mujer más malvada del mundo. No se iba a conformar con acuchillarla despiadadamente como a las otras. La torturaría primero, despacio, muy despacio...

sábado, 9 de junio de 2012

Estudiando a la víctima

  Un asesino como los demás (42)

Nelson Cristiano de la Santísima Trinidad López, sicario profesional y devoto de la Virgen de Guachulupotuco, mojaba su cruasán en el café con leche y se lo llevaba a la boca lentamente, mientras observaba con ojos de depredador (aunque parapetados tras los cristales de las sunglasses adquiridas en una shop del aeropuerto del Prat) al que iba a convertirse, si la suerte no le era adversa, cosa rara porque él no fallaba nunca , en su siguiente cadáver de encargo (calcinado, para ser más exactos)
Tres mesas más allá, el profesor Merlíng, ajeno a las intenciones de aquel sudamericano trajeado y ornamentado con pulseritas y medallitas de oro de la Virgen, se veía privado de la tranquilidad de otras mañanas en esta cafetería próxima a Tele 10. Dos señoronas emperingotadas y aspavientosas le torturaban con sus zalameros cumplidos.
- No sea usted tan modesto, Don Merlíng!... Es usted el mejor vidente del muuundooo...!!
Exclamó la más obesa alzando los brazos como queriendo abarcar con ellos ese mundo al que se refería.

Nelson Cristiano había viajado toda la noche en autobús. Durmió unas pocas horas en un hostal de baja categoría y escasa limpieza, en donde se registró con el nombre falso de "Magnolio del Rosario Rubirosa" Después de darse una triste ducha, pues apenas salía agua por el caño, acudió a ver la casita deshabitada que le había recomendado su contacto en España. Perfecto, la zona estaba algo alejada de la autovía. Era un frondoso y oloroso pinar atravesado por una carreterita muy estrecha y de deficiente asfaltado. En cosa de un kilómetro de curvas sólo había tres casitas de una planta, una de ellas deshabitada, "la suya"

  (Casita en donde pretende el sicario liquidar a su presa)

No le fue difícil forzar la cerradura. Carecía del suministro de luz eléctrica, tal y como había imaginado. Pero no la iba a necesitar, por supuesto. En la casa había sillas, mesas y armarios de madera, cacharros viejos de todo tipo y un montón de periódicos y revistas antiguas. Perfecto!... Todo ardería como una gran pira en la noche de San Juan. El eficaz sicario no era partidario de darles mucho trabajo a los forenses. Su máxima era: "El mejor cadáver oculto es un cadáver calcinado"
Dejó allí la lata de gasolina que utilizaría en su momento y regresó al centro de la city.

La cafetería se fue poblando de clientes desayunadores en barra y mesas. Los camareros se pusieron las pilas y comenzó el concierto de cucharillas y platillos. "Clinc-clink-clinc!!... "; "Una tostada con mantequilla y dos de churros!"; "Marchando!"
La pieza a batir era un hombre fatuo, engreído, "un pobre bobo al que su negocio de vidente le está haciendo ganar sus buenos dineros y un cierto prestigio social entre la gente más simplona y crédula de la sociedad", reflexionó para sí el sicólogo depredador. "Pero no te fies, Nelson Cristiano", continuó reflexionando, "un tipo de estos no es absolutamente tonto; si alguien paga bien por matarlo es poque molesta demasiado a ese alguien" (Bueno, bueno..., todo es relativo en esta puta vida de putadas y escasos momentos Nescafé. Valdeminguilla también es muy molesto y nadie paga por matarle, aunque a su jefe superior, precisamente el pagador del sicario, le gustaría estrangularle con sus propias manos)
Esperó a que se fuesen las dos señoras agasajadoras y se acercó hasta la mesa del hombre fatuo y engreído.
- Caramba, caramba!... No me rechazará usted una invitación, mi admiradísimo profesor!... Hasta mi país han llegado noticias de sus fabulosos poderes paranormales!
- Ah, sí?... Y de dónde es usted?

(Continuará)