"Prrrrfffssss...!"
Entre los arbustos había un hombre cagando. No le reconoció porque le tapaba la hojarasca. El Profesor Merlíng se había desprendido precipitadamente de la mochila para bajarse los pantalones y evitar ensuciarlos con el resultado asqueroso de su miedo. Ya llevaba un rato largo soltando lastre desde que llegó al lugar. Era la cagada más larga de su vida.
Nuestro asesino divisó allá abajo, a lo lejos, en un claro que se abría en el pinar permitiendo ver una de las curvas de la carretera tercermundista, un coche de la policía nacional que avanzaba lentamente sorteando las curvas. El peligro le hizo reaccionar inmediatamente. Descorrió una de las cremalleras de la mochila y metió en ella el cuchillo. Sus huellas no iban en el arma, por supuesto, Don Angel Luis jamás se precipitaba en quitarse los guantes. Descubrió sorprendido la pipa. "Joder, este tío está armado!"
Fue entonces cuando el caganer se percató de la presencia del intruso.
- Eh, oiga, qué hace usted con mi mochila?!... ladrón!.. hijo de puta!...
Sintió no tener la luger a mano para darle un buen susto. Don Angel Luis empujó la mochila hacia el centro de la calzada para que la viesen bien los policías. Seguidamente se perdió por el pinar. Desconectó el móvil por si en ese preciso instante se le ocurría llamar a su hija y oían la alarma los agentes.
Ubaldo se limpió a todo correr con unos pañuelillos de papel que siempre llevaba encima, pero era tal su desesperación que no pudo evitar pringarse los dedos y la ropa con la ofensiva mierda. Y al intentar ascender los dos metros que le separaban de la carretera, tropezó con una raiz saliente y fue a caer de bruces sobre unas hortigas.
"Auuuggg...!!
Corrió a ver que le faltaba en la mochila y alucinó al encontrarse un cuchillo. Lo tomó en su mano sin pensar que estaba dejando impresas sus huellas en un arma homicida.
Don Angel Luis resoplaba mientras corría entre los pinares y la maleza tratando de ganar distancia.
"Jesús, qué paliza!..., después de la sesión con la vieja guarra me toca esprintar campo a través, a mi edad... uf!... Bueno, querían un asesino, no?, pues ahí lo tienen. La putada es que ultimamente no gano para cuchillos"
El atribulado Merlíng alzo la vista y vio a dos policías nacionales que se le acercaban. Los agentes Sotillos y Fernández habían aparcado el vehículo policial cincuenta metros más abajo.
- Joder, yo a este tío le conozco, es un famoso.
- Vamos a lo que vamos, Fernández.
Respondió agriamente Sotillos. Y dirigiéndose al famoso le habló con dureza.
- Tendrá que esplicarnos qué hace usted aquí con un cuchillo tan grande en la mano.
- Es que... verá... es que yo... resulta que...
Las siguientes palabras del agente Sotillos, mientras el agente Fernández le ponía las esposas, le helaron el corazón.
- Tiene derecho a guardar silencio, tiene derecho a un abogado de... Joder, como huele a mierda!
Las órdenes del comisario Lopategui Serranillos eran tajantes: "A cualquier sospechoso en la vía pública se le detiene sin miramientos, que para eso manda el PP"
(Continuará)
