Por la mañana tuvieron que suspender la constructiva y enfrascadora conversación sobre fenomenología esotérica y ovnis porque Merlíng tenía que grabar algunas partes de su programa televisivo. El interés del colombiano por contratar un servicio ( ! ) del eminente pitoniso y por ende reparador de daños maléficos, motivó este segundo encuentro entre los dos farsantes.
- Verá usted, mi querido profesor, se trata de una "limpieza espiritual" resulta que he heredado algunas propiedades de una tía abuela rica, una señora que ha fallecido recientemente en España, que Dios tenga en su Gloria. Amén.
- Amén.
- Pero una de las propiedades heredadas, concretamente una linda casita en un pinar del extrarradio, está dominada por las malas energías. Dicen que lo habitan espíritus negativos. Y eso es lo que vengo a pedirle, que me acompañe a la casita y haga los conjuros pertinentes para librarnos de esos entes...
- Ya, almas en pena.
- Eso mismo.
Pero algo no cuadraba. Hasta ese momento Merlíng no había sospechado del extranjero. Sin embargo, el sujeto acababa de hacer una exposición de su problema en la que no se traslucía ningún temor hacia los hipotéticos entes negativos. Más bien le había soltado todo el rollo de carrerilla y con una sonrisa añadida, como lo haría un vendedor de aspiradoras a domicilio. Además, había alguna peculiaridad en el individuo que le recordaba a algo o a alguien. "Joder, qué es lo que me recuerda este tío?"
Decidió estar muy alerta.
Don Angel Luis
- Lo siento, Encarni, mañana no puedo ocuparme de los niños, tengo revisión en el urólogo. Ya lo sabes, la maldita próstata.
- Vale, papá, no te preocupes. Estás bien?
- Sí, hija, sí.
- Recuerda que dentro de poco va a ser el cabo de año de mamá. Tenemos que ir al cementerio a llevarle flores y a rezar.
- Sin duda, hija mia, sin duda.
- Besitos!
Pues vaya, ultimamente se le estaba dando muy buen juego el rollo de la próstata. Le había servido con el policía tonto y ahora con su hija.
Pero mañana era el gran día, su gran día como asesino justiciero, tenía una cita inexcusable con la mujer más malvada del mundo. No se iba a conformar con acuchillarla despiadadamente como a las otras. La torturaría primero, despacio, muy despacio...

